La semilla del fraude

La semilla del fraude

enero 9, 2020 Artículos 0

Dentro de la patologías más comunes presentes en las construcciones, y porque no decirlo más temidas, se encuentran las humedades, contratiempos temibles ya que no solo afectan la estética de la edificación sino que también pueden llegar a tener consecuencias en la salud de sus habitantes, su aparición lejos de ser espontanea es causada por una diversidad de factores que para ser evidenciados requieren de un análisis exhaustivo, y cuya solución implica la movilización de importantes recursos.

Así como la humedad en la edificación, el fraude económico en la propiedad horizontal no es espontaneo, es una consecuencia generada por la coexistencia de varias situaciones. Si pensamos en el fraude como una semilla cuya germinación queremos prevenir, debemos necesariamente comprender primero los factores que favorecen este proceso y evitar de forma excepcional que estos se conjuguen. Suelo, agua, aire y luz hace germinar la semilla, si tan solo uno de ellos falta su desarrollo no es exitoso.

En los años 1950 el sociólogo y criminólogo estadounidense Donald Cressey, como resultado de sus estudios relacionados con el perfil de las personas que cometían fraudes, logró identificar una serie de condiciones que hacían posible la generación de este fenómeno, las cuales asoció efectivamente a tres elementos, creando así el modelo denominado “el triángulo del fraude”.



Interpretando el modelo mencionado desde la óptica de la propiedad horizontal, definiré de forma general cada uno de los tres elementos que al articularse permiten que se materialice el riesgo de fraude, de manera que se nos facilite su comprensión individual y evitemos su articulación.

Elemento 1: Motivación / presión.

Se basa en los sentimientos de la persona, es la condición o el conjunto de condiciones que lo impulsan a necesitar cada vez una mayor cantidad de dinero, entre otras tenemos: Alto nivel de endeudamiento; necesidad de mantener un status que no se relaciona con su ingreso normal; contingencias o eventualidades de carácter monetario; mantenimiento de un cuadro de adicción, ludopatía por ejemplo. Es importante indicar que estas situaciones afectan a una parte importante de la población y no determinan que eventualmente actúen como defraudadores, pero si pueden llegar a contribuir para que esto ocurra. En las administraciones de las copropiedades éste elemento puede no identificarse inicialmente, sin embargo una mirada atenta a los comportamientos individuales, especialmente de los responsables del manejo de recursos o pagadores, pueden lanzar alertas tempranas que permitan intervenir oportunamente y disminuir el riesgo en este elemento en particular.

Elemento 2: Racionalización / actitud.

Es el conjunto de argumentos que el defraudador esgrime para justificar su actuación, por ejemplo: “Si todo el mundo lo hace porque yo no lo hago también”; “No me pagan lo justo y además debo soportar sus malos tratos”, entre otras más. Entornos sociales donde se tolera la corrupción fortalecen aún más racionalizaciones de éste tipo. En la propiedad horizontal claramente la falta de un organismo de vigilancia y control, sumado a procesos de judiciales largos y en ocasiones inocuos fomentan este tipo de racionalizaciones, más aún cuando es común que los sospechosos de hechos de corrupción similares, llevados a cabo en copropiedades, no sean castigados ni reciban sanción de ningún tipo.

Elemento 3: Oportunidad

Se asocia con el nivel de confianza con que cuenta un individuo y que le permite aprovecharse abusivamente de ese poder sin que se haga evidente para el entorno, sin levantar sospecha, lo anterior sumado a fallas de gobierno en la organización, como controles internos débiles, inoperantes o inexistentes, propician una ocasión magnifica para que el defraudador obtenga un beneficio indebido a costa del patrimonio de la organización. En este elemento la responsabilidad es toda de la copropiedad, tanto la administración como el consejo y la revisoría fiscal deben ser idóneos y conocer sus funciones, de manera que se asegure un nivel óptimo de control y no se presente un escenario cómo el narrado por mí en el número anterior de éste periódico.

En conclusión un defraudador tiene una motivación, la racionaliza y actúa, pero solo lo hace si encuentra una oportunidad, depende totalmente de la copropiedad estructurar un ambiente de gobierno tendiente a mitigar el riesgo en este último elemento del triángulo. ¿Cómo está su copropiedad en esto?